
Parte 1 – “No esperaba que se quedara”
Despertó con la boca seca y el cuerpo desnudo.
El sol entraba entre las rendijas de la persiana, marcando líneas doradas en la pared.
Oyó un leve susurro de sábanas. Al girarse la observó dormir.
Se levantó despacio, intentando no hacer ruido.
El vestido, hecho un ovillo en la butaca, seguía ahí.
Y también los zapatos, junto al armario.
Se giró antes de salir. La vio dormir, con su espalda desnuda y su pelo cayéndole sobre la cara.
Sonrió. Porque no esperaba que se quedara.
Al llegar a la cocina, encendió un cigarro y preparó café. Recordó que el día anterior había comprado una bandeja de pastas que finalmente no llevó a su cena.
Y ahora servirían de desayuno perfecto.
Parte 2 – “Flashazos”
Recordó su risa, primero en la barra de la discoteca.
Luego en la calle, cuando caminaban entre besos.
Y después en su oído, entre gemidos.
Recordaba su espalda en la penumbra.
Cómo se le cayó el pendiente cuando casi le arrancó el vestido.
Cómo él pensó que se iría después, pero no lo hizo.
No hablaron demasiado.
Pero todo lo importante ya lo habían dicho con el cuerpo.
Oyó la puerta del dormitorio abrirse.
Ella estaba despierta.
De repente se puso nervioso. Iban a volver a encontrase después de una noche llena de saliva, sudor y piel.
Y él no sabía si ofrecerle un café o su vida entera.
Parte 3 – “De cara”
Ella llegó a la cocina sin decir palabra.
Descalza. El pelo alborotado.
Bellísima.
No sabía cómo empezar.
Así que habló de pastas.
De las que había comprado para otro fin y que ahora parecían tener un propósito divino.
El desayuno con ella. Ella.
—Pensé que te irías al terminar —dijo él.
—Pensé en hacerlo —respondió ella, sin mirarlo del todo.
Le tendió una taza de café, casi temblando.
No supieron cómo rellenar el silencio.
Y, aun así, él no quería que se rompiera.
Parte 4 – “Croissants y verdades”
Quiso decir algo. Cualquier cosa.
Pero fue la verdad la que se escapó primero.
—No suelo hacer esto.
Ella levantó la vista.
Y sonrió.
—Quién lo diría, viendo esa bandeja de croissants.
Rió. Pero le dolió el comentario. ¿Creería ella que él lo tenía pensado? ¿Que sabía que acabaría llevándose a la cama a una chica y le prepararía el desayuno?
El tiempo se hizo denso, porque sabía que la despedida estaba cerca.
Y, por alguna razón, no quería que fuera ya.
Parte 5 – “El pendiente”
La acompañó hasta la puerta.
Ella se abrochó el abrigo.
Él la miró como quien intenta memorizar un rostro.
—Gracias por quedarte —le dijo.
Y lo dijo en serio.
Cuando el ascensor cerró sus puertas, él sintió que el apartamento estaba demasiado en silencio.
Fue entonces cuando lo vio:
El pendiente. Pequeño, brillante, en el suelo junto a la cama.
Lo sostuvo entre los dedos. Con rapidez cogió su móvil. Y escribió:
“Te has olvidado un pendiente. ¿Motivo para volver?”
Miró la pantalla. Y luego la observó desde la ventana.
No hubo respuesta.
Pero esa sonrisa suya al cruzar la calle… valía más que cualquier mensaje.
©2025. Cristina Gram – Todos los derechos reservados.

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