
20:47h Madrid
En un restaurante lleno de globos rojos, él finge que entiende la carta en francés. Ella finge que no ha visto en su móvil la notificación de Tinder que acaba de iluminar la mesa. Brindan igual. Por inercia.
20:47h Barcelona
Un chico ensaya frente al espejo: “Es que… creo que te quiero”. Se lo dice a su reflejo y hasta él pone los ojos en blanco al verse ridículo. Vulnerable. Al final envía un audio de 47 segundos que empieza con un suspiro y acaba con “aún estamos a tiempo de salir a cenar”.
20:47h Valencia
Ella cena sola en pijama, en el sofá y sube una foto con filtro cálido: “Cita perfecta ❤️”. La cita es una pizza cuatro quesos, una botella de vino y una serie que ya ha visto tres veces. Está más tranquila que el 90% de las mesas con reserva.
20:47h Soria
Un matrimonio discute porque él ha comprado rosas en la gasolinera.
—Son rosas —dice.
—Son casi cadáveres —responde ella mirando los pétalos mustios.
Cinco minutos después están riéndose. Llevan veinte años: ya no discuten por flores, discuten por deporte.
20:47h Zaragoza
Una niña le da a su padre un dibujo lleno de corazones desiguales.
—Para que no estés solo.
Él no tiene cena romántica. Tiene purpurina en el sofá. Y eso le parece suficiente.
A las 20:47, en algún sitio, alguien se siente querido.
En otro, alguien aprende a quererse.
Y en muchos, el amor simplemente pasa desapercibido.
Porque el amor no siempre es épico. Pero sigue siendo amor.
©2025. Cristina Gram – Todos los derechos reservados.

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